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Mujeres pagadas

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En nuestro editorial llamamos con humor “mujeres pagadas” a las señoras que emigraron a España y se decidieron voluntariamente a comerciar con su cuerpo a cambio de una retribución material u otras cosas útiles para la vida cotidiana. En España es el grupo de inmigrantes de la CEI más variado y pintoresco para describir. Alrededor de las “mujeres pagadas” siempre hay mucho ruido periodístico, mitos populares y agitación masculina. En comparación con otros grupos de inmigración más predecibles, para una representante de “mujeres pagadas” en España existe mucha una mayor variedad de opciones inesperadas por las que se desarrollan los acontecimientos de su vida. A diferencia de todos los demás "rusos” es el único grupo absolutamente integrado en todas las esferas de la sociedad española. Pues sólo sus miembros representan un cierto “producto universal”, que teóricamente goza de demanda en cualquiera de los niveles de la sociedad española.

“Las mujeres pagadas” son más que una clase de inmigrantes, es un estilo de vida, un entorno social. El papel de la “mujer pagada” lo desempeñan miles de bellas ciudadanas de la ex-URSS de edades comprendidas entre los 18 y los 45 años. Muchas de ellas, a la hora de abrir las puertas de locales nocturnos, están seguras que llevan la indumentaria de prostituta sólo por un tiempo. A pesar de ello, la mayoría de ellas ya no podrá quitárselo nunca.

rusosTodo el mundo entiende que a estas mujeres les valdría más escoger otra ruta para un viaje por el Mediterráneo. Habitualmente una joven no sabe de dónde puede obtener datos fehacientes de la verdadera vida de las “mujeres pagadas” en España. Una inmigrante simpática e ingenua cae bajo la influencia de las superficiales tentaciones de la profesión más antigua de la humanidad. Tras un paseo nocturno por Madrid o Barcelona, enseguida le parece que las prostitutas locales son unas bellas y atractivas mujeres embutidas en ajustados y caros vestidos que apenas les cubren el tanga transparente, y que cada noche salen de las puertas brillantes de los clubes nocturnos llevadas del brazo por elegantes hombres de negocios. Las muy tontas comienzan a creer que no tienen más ponerse este tipo de ropa y se volverán también encantadoras y atractivas y serán deseadas por todos los españoles guapos y adinerados. Todo este lustre fingido y falso de la vida nocturna de la ciudad nubla la razón de las chicas inmigrantes y provoca a estos seres jóvenes y presuntuosos a un salto a ciegas hacia un precipicio negro.

Ahora, basándonos en un rico material compuesto por observaciones de muchos años, vemos nuestra tarea en contar la verdad a las jóvenes y mujeres que se disponen a pisar la vía pecaminosa. Tenemos que ilustrar de la forma más completa y objetiva la difícil y trágica situación de la vida de las prostitutas de la CEI en España. Quizás, tras leer nuestra edición, muchas bellas jóvenes dispondrán de otra perspectiva vital.

Pues bien, comencemos con la descripción de las raíces locales del fenómeno que hacen el trabajo de la prostituta en España tan esperanzador y asequible para muchas mujeres. ¿Por qué tantas mujeres se deciden a cruzar la línea fatal? La causa básica de la proliferación de este fenómeno en España radica en la magnífica situación jurídica de las trabajadoras de los prostíbulos. Si la joven extranjera tiene un permiso de residencia en España, puede considerarse que en su puesto de trabajo está bajo la protección del mismísimo rey Juan Carlos. En caso de cualquier tipo de disgustos todos los policías locales acudirán con las sirenas para ayudarla. En caso necesario, los policías locales pondrán en riesgo sus vidas sin pensarlo para salvarlas. Así es la sociedad europea, aquí la policía siempre se apresura para proteger a la gente ofendida y discriminada. Si no dispone de permiso de residencia, mientras la prostituta novel cumpla una lista de precauciones mínimas en España tampoco le va a pasar nada del otro mundo. En todo caso, así son las apariencias. Aquí trabajan con éxito prostitutas de todos los rincones del mundo latinoamericano. Juntan fortunas enteras en unos años que pasan con alegría y sin darse cuenta. Pero, como dicen los sabios japoneses: “el diablo se oculta en las bagatelas”. Y para nuestras compatriotas estas bagatelas transforman la brillante fiesta de la noche de la vida en una pesadilla infernal que de la que emanan sufrimientos y dolor.

¿Por qué hay tantas diferencias en la vida y la atmósfera laboral de las “mujeres pagadas” de la CEI y otros países? ¿Por qué se publican constantemente y corren de boca en boca tantas historias espantosas sobre pervertidos sangrientos que cazan con hachas por todo el mundo a las tiernas "mariposas nocturnas" de la ex-URSS? ¿Por qué se habla tanto de los despiadados sindicatos clandestinos de la mafia rusa que detectan instantáneamente a cada prostituta “compatriota” por toda Europa? ¿Por qué circulan historias sobre bandidos que las atrapan, las atan de las manos y pies, y después las llevan durante muchos años con un collar de hierro quitándoles del dinero que ganan? Existen varias causas de estos abundantes rumores:

Primero, la prensa sensacionalista nunca va a rechazar un caramelo como las “pesadillas pornográficas”. Especialmente, la prensa que trabaja entre los inmigrantes. En este ambiente como en ninguna otra parte tendrán demanda las especulaciones deshonestas sobre temas picantes. Aquí el control sobre los medios es débil, es decir, no existe censura. En cambio, existen los cráneos calentados por el sol de los lectores hambrientos de intimidades. ¡Que se congele la sangre de los lectores ingenuos de pocas luces tras conocer de "las fechorías terribles” y “los finales trágicos” en artículos sobre desviaciones sexuales! Significa que será más alta la posibilidad de que al cabo de una semana, el mismo hombrecito se lance para comprar otro número de este periódico basura. ¡No crean lo que se escribe! A excepción de las noticias de la edición de las nueve de la noche del canal central de España, todo lo publicado en la prensa sensacionalista raya el marasmo. Es un embrollo interesado de escritores de bajo nivel demasiado excitados por la vida de soltero en la emigración.

rusosSegundo, en el siglo XXI continúa existiendo toda una categoría de "mujeres pagadas” que se entregan voluntariamente a las manos callosas de los proxenetas incluso si se encuentran en el extranjero. Hemos descubierto un aspecto psicológico curioso intentando explicar este fenómeno social. ¡Resultó que estas esclavas potenciales lo hacen por costumbre! Tras haber vivido de esta forma en su país natal, tras su llegada a España continúan viviendo igual. A los jóvenes de la capital, mimados por escuelas de prestigio y por padres con educación superior a veces les cuesta imaginarse en qué lugares nace y crece un niño en los vastos espacios de la CEI. Por otro lado, la percepción de estos "jóvenes provincianos” se forma a veces en los barrio obreros de las periferias del imperio derrumbado. En tales lugares la violencia y el sexo son inseparables, mientras la escuela secundaria parece un club para ir a comer pipas del girasol.

Allí el papel de la prostituta es tan natural como el de una vendedora de helados. Es natural que al cabo de veinte años de vida en este submundo la cabeza de la joven deje de funcionar con normalidad. La cínica realidad diaria de los barrios forma unos valores de una inmoralidad tal que a la joven no le queda más remedio que continuar jugando el papel de esclava sexual. Las jóvenes que han crecido en las circunstancias de pesadilla antisocial teniendo como ejemplo a unos padres degenerados, fisiológicamente no están predestinadas a percibirse a sí mismas como personas. No heredaron de su padre alcohólico la capacidad de responder de su propio destino. Es verdad que tales jóvenes son explotadas, es verdad que no les llega el dinero. ¿Pero por qué no quieren escapar de su infierno? Al preguntar a una señora si quería librarse de sus tiránicos proxenetas recibimos la respuesta, curiosa y al mismo tiempo maliciosa de “¿Que haré? ¿Ir a fregar suelos?”. Son de sobra conocidos ejemplos en los que su despótico monstruo es atropellado por un tren español al día siguiente, pero al cabo de una semana nuestra "víctima" ya se encuentra bajo las garras de un nuevo torturador. Y todo esto pasa porque necesitan una persona que decida por ellas, que libere su cerebro de las reflexiones y de la necesidad de responder de su propia vida. Es decir, sus problemas no radican en la mafia omnipresente, sino en un complicado conjunto de lesiones mentales y miedos irracionales introducidos en la subcorteza de cerebros poco desarrollados desde la infancia.

Y bien, para completar el cuadro imaginemos una degeneración profunda de la conciencia en combinación con la adicción al alcohol y una renuncia patológica de análisis vital que limita con la imbecilidad. Gracias a tales inmigrantes se producen rumores de organizaciones todopoderosas de tráfico de esclavos de toda la Europa. No podemos negar la presencia en España de estructuras criminales organizadas y activas. Sólo queremos precisar que los estos delincuentes y prostitutas constituyen una “buena pareja”, que existe y prospera en base a una simbiosis completa y deseada. Se merecen unos a otros, puesto que si a cualquier joven en España no le gusta ese papel basta con un llamar a la policía, cuyo simple número es el 091 y decir las palabras “Help me, I have problem”, y la película de miedo acabará. Pero, por alguna razón tales acciones son poco frecuentes, y en cambio es muy habitual quejarse de un destino desgraciado sin hacer nada para cambiarlo.

Tercero, el alboroto alrededor de este tema se forma además debido a la existencia una larga lista de modelos de "mujeres pagadas”, rica en “tuning" y subgrupos. Es decir, con nuestra mirada observadora hemos decidido dividir a todas las “mujeres pagadas” de España en los tipos que siguen a continuación. Prostitutas clásicas de club que trabajan como percherones y tienen hasta diez o más clientes en un día. Jóvenes seductoras de alta estatura que hacen striptease y trabajan con un cliente que ellas mismas escogen. Jóvenes más modestas o menos impresionantes que se ganan la vida con lo que cobran de las consumiciones, que no tienen reparos en servir de vez en cuando a un cliente “limpio”. Otras jóvenes individuales con extrañezas, que emigran de un grupo a otro en función de las necesidades financieras y de su imprevisible humor. Esclavas sexuales que se encuentran durante años bajo la obediencia incondicional de uno o varios hombres rudos con inclinaciones criminales. Mujeres mantenidas que trabajan para un solo cliente. Estos son los tipos básicos, que más adelante serán examinados con más detalle. Por ahora, la lista de los tipos de “mujeres pagadas” aportada por nosotros será una explicación de peso que complementará las triviales noticias sobre los aspectos de su vida en la emigración. Imagínese que cada mujer de éstas, por encontrarse en el extranjero, se comunica con un número de gente distinta, contando sin cesar las tonterías más increíbles sobre cualquier tema. Los hombres confiados aguzan los oídos, se las creen, y después cuentan estas historietas desfigurando hiperbólicamente los detalles. Y así nacen mitos públicos de fuerza inusitada.

Son estas las tres simples causas que provocan rumores infinitos y publicaciones baratas. Pero ahora examinaremos más detalladamente cada uno de los "tipos" anteriormente indicados. Ha llegado el momento de describir un montón de interesantes detalles para el lector sobre la vida cotidiana de cada una de estas "mujeres pagadas”. Podremos mirar en su pasado leyendo nuestra revista y prever el futuro más probable. Antes de examinar estas historias ejemplares nos gustaría recordar una vez más que estas líneas quieren ante todo arrojar luz sobre la realidad objetiva de las “mujeres pagadas” en España. Tratamos de disuadir a muchas mujeres de cometer errores fatales en su vida en el extranjero. ¡Y nada más!
Empecemos por la historia de Vika, una moscovita de 31 años de edad. Es una prostituta clásica de club, lleva “en el tema español” ya más de ocho años, no ha cambiado de lugar del trabajo y goza de demanda por parte de los clientes habituales. Su hora de trabajo con un mismo cliente cuesta 160 euros, de los cuales ella recibe unos 80.

rusosTodo comenzó cuando Vika, a sus 22 años, joven y de piernas largas, cansada de la perpetua miseria de los alrededores de la capital, comenzó a trabajar como prostituta individual. En Moscú la ofendían constantemente las propuestas de “protección” y la brutalidad con la que la trataba la clientela. Vika partió a España rápidamente y sabiendo lo que hacía. Al llegar, en menos de un año aprendió el idioma y sedujo a un español de edad avanzada. Éste se enterneció y la ayudó en la tramitación de sus documentos a cambio de caricias gratuitas ilimitadas. Siete años después de haber recibido el permiso de residencia Vika trabaja diariamente desde las 6 de la tarde hasta las 4 de la madrugada. Sirve a unos cinco clientes por noche. Ninguno de ellos está con ella más de 40 minutos. Todo pasa de forma concentrada, callada y prosaica. En general, el proceso de trabajo es torpe y trivial. Muy raras veces surgen clientes monstruosos que le hagan daño intencionadamente. Si eso ocurre, siguiendo las indicaciones del propietario del club, debe chillar fuertemente de una determinada manera, para que venga el vigilante y saque al pervertido fuera. La mujer tiene una apariencia totalmente ordinaria y según la escala rusa no es nada más que un una mujer de físico mediocre y estatura media, lo que en ruso se llama “un ratoncito gris”. Sin embargo, a los españoles les interesa por su silueta nórdica, exótica y delgada, que brilla en la oscuridad del bar con piel blanca de seda. Con el dinero ganado Vika ha comprado un piso pequeño en Barcelona. Su vida es monótona, desde hace mucho siempre duerme de día, y dedica el resto del tiempo al trabajo. Una vez cada dos meses se hace análisis y sale a comprarse un par de nuevos vestidos ajustados con lentejuelas y ropa interior sintética vulgar con las tiras de plástico. Sabe que con ella los hombres no tienen nada que comentar. Se ríe mucho, con un risa sarcástica gutural, y se llama a así misma tonta de capirote y alcohólica profesional.

Vika está al tanto de que dentro de un par de años "quedará anticuada". Pero es franca y reconoce que no se arrepiente de nada de lo que ha hecho. Habla que las relaciones íntimas tan variadas no le causan problemas morales ni fisiológicos. Afirma que no padece ninguna enfermedad, siempre se protege y se hace pruebas de acuerdo con las normas del club. Sonríe con malicia y dice que tiene los ojos puestos sobre una decena de hombres españoles que por la edad podrían sus padres, pero que serían felices de casarse con ella sólo con que ella lo insinuara. Asegura que esto es precisamente lo que hará tan pronto como los “instrumentos básicos de trabajo” de su cuerpo dejen de cumplir con los estándares del establecimiento.

No obstante, también informa de que si tiene el deseo de continuar la carrera, tiene un camino alternativo. Se trata de la curva paulatinamente descendente que la llevará a caer a clubes cada vez más y más baratos. Allí hasta los 40 o incluso 45 años le pagarán cada vez menos. Hasta que a los 50, gorda y enferma, vaya a parar a los márgenes de la carretera. Con sus flácidos pies cruzados estará sentada en una silla blanca de plástico con unos horribles medias negras a cuadros gigantescos. En el mejor de los casos podrá servir al día a un par de conductores de camiones rechonchos y viejos, apenas percibiendo por sus nauseabundos servicios unos 15 o 20 euros. Mientras tanto, Vika fuma de manera apetitosa sentada en la barra de espejos y neón de un bar prestigioso. Se pinta los labios e informa con aire de suficiencia de que está segura de que escogerá la primera opción para su jubilación. No la desilusionaremos con una estadística triste diferente.

Aliona es de Ástrakhan, tiene 24 años y mide 1’83 de estatura, es una rubia extrema con cabello impecable espeso y largo comparable a la crin de una yegua, que le llega hasta las nalgas. Es una actriz de striptease clásica que a veces no le hace ascos a prestar sus servicios a hombres ricos. Justo después de obtener el título del instituto de pedagogía de su ciudad natal llegó a España a la edad de 21 años para casarse con un empleado de oficina de cincuenta años por medio de una agencia nupcial. Pero, recibido el primer permiso de residencia en España, abandonó inmediatamente al marido. Aliona informó amablemente a su enclenque y miope marido de edad avanzada de que le estaba muy agradecida por el favor, pero aquello no era motivo suficiente para convivir y ella tenía unos planes totalmente diferentes. La misma noche el pobrecillo fue ingresado en el hospital con una hemorragia cerebral. Aliona tiene una figura esbelta, piernas rectas y largas, se hizo seis intervenciones de cirugía plástica, incluyendo las prótesis de silicona del pecho y los labios. Por medio de la liposucción se le quitó la grasa por todo el cuerpo y lleva en el sacro un tatuaje enorme de color con un dragón chino. Toda la noche, en sesiones de 15 minutos con un descanso de 45, baila disfrazada un hermoso striptease. Cambia a menudo de lugar del trabajo. Por los espectáculos eróticos (¿pornográficos?) sobre la barra los propietarios de los establecimientos le pagan unos 200 euros por noche. Si tras presenciar este espectáculo un cliente borracho desea irse a una habitación con la artista, esto le costará 600 euros por media hora. Aliona recibirá del propietario unos 300 netos. En una noche no acepta más de dos clientes. Trata de no trabajar más de 4 días por semana. Habitualmente esto significa trabajar seguido de jueves a domingo.

Su tiempo libre lo pasa en las boutiques de ropa prestigiosa del centro de la ciudad. Además cada día visita solarios y salones de belleza y tres veces por semana visita el gimnasio. A veces, algunos clientes dan tarjetas bonitas y le piden que los llame. Si en estos trozos de cartulina pone algo del estilo de “director de banco” o “presidente de corporación”, Aliona los llama ella misma. Poco tiempo después se encuentran para ir a comer a un restaurante caro. Estos días tiene que despertarse más temprano. Pero se levanta con gusto, puesto que sabe que después del ágape es alta la probabilidad de visitar con el cliente un hotel de cinco estrellas. Allí Aliona puede ganar hasta 1000 euros en efectivo que le pagará su cliente por un par de horas de sexo bastante agradable. Comenta que tales hombres habitualmente son bien educados, pagan con soltura y no le exigen hacer cosas peligrosas ni dolorosas en la cama.

No tiene ningún tipo de complejos ni remordimientos de conciencia. Es totalmente feliz y cree que ha tenido éxito en la vida. Se siente permanentemente animada. A la hora de relacionarse con los clientes es galante y erótica, independiente de la constitución física y de la edad de éstos. Aliona se considera una seductora profesional, y con cada caballero siempre se comporta con una benevolencia excepcional. Al cabo de dos minutos de conocerse, encontrará con toda seguridad un momento para abrazarle como si fuera por casualidad. También por casualidad se apretará contra el futuro elegido con su imponente escote, que olerá a “Chanel nº5”. A un observador imparcial le parecerá que el respetable hombre es el amor de la vida de esta mujer.

rusosEl dinero ganado en seguida lo ingresa en su cuenta bancaria. En relación a los planes para el futuro responde que lo más probable es que a los 30 años se case con un español acomodado de edad avanzada y tenga dos hijos. Su seguridad no deja al interlocutor ni un asomo de duda de que todo irá de esta forma. Sin embargo, con un suspiro tenemos que mencionar que de la estadística se deduce otra cosa. A partir de los 32 años le dejarán de proponer que “salga a escena”, mientras que los clientes fijos de antes comenzarán a prestar atención a chicas más jóvenes. Al mismo tiempo su vida a lo grande exigirá siempre más y más dinero, lo que hará que las facturas del salón de belleza no hagan sino crecer.

Con una probabilidad de hasta un 95 % Aliona comenzará a trabajar de prostituta habitual y terminará su carrera después de los cuarenta años. El resto de su vida irá envejeciendo sola poco a poco. O, si se arma de valor, con el dinero ganado por su cuerpo marchitado establecerá un pequeño club nocturno en un barrio burgués de la ciudad. Allí pasará noches enteras detrás de la barra viendo con tristeza como jóvenes se venden para garantizarle una buena jubilación. Es curioso que precisamente estas mujeres en España nunca lleguen a formar una familia.

Es menos interesante hablar sobre la muchedumbre de señoritas jóvenes de la CEI que en gran número pasan por los clubes nocturnos de España, sentadas en la barra para conseguir que los clientes hagan consumiciones. No obstante, es necesario para completar el dramatismo de la situación. Y es que a poca gente le agrada mirar cómo pasa su juventud a la espera de que algún hombre desee obsequiarlas con champán. Es un proceso aburrido, rutinario. ¡Pero dicho fenómeno representa el modelo más habitual de "la caída" de una inmigrante honrada!

Por ejemplo, existe una creencia que si la joven necesita dinero en efectivo siempre ganará algo si trabaja “en las copas”. Es decir, si la chica en cuestión no sufre de una forma extrema de obesidad y por lo menos está dispuesta en cierto modo a intentar gustar a un hombre abstracto, puede tratar de pasar la prueba. Durante el cásting en el club es necesario demostrar al propietario que estás dispuesta a ponerte una falda algo más corta y que eres capaz de sonreír con amabilidad. Tal "cabrita" tiene ya grandes oportunidades de obtener un trabajo en las consumiciones.

El mecanismo del trabajo es elemental. La joven llega al club y declara que no quiere mantener relaciones sexuales, pero que necesita dinero. El propietario sonríe groseramente y, si la chica le gusta, le promete 30 euros por noche en el papel de muñeca pintada que se mueve eróticamente en una silla alta de la barra. Si seduce charlando a algún cliente y aquél la obsequia con una bebida cara, la mitad del dinero por cada copa pagada y "regalada", le será entregada a la joven terminada la jornada.

Cae la noche, llega el cliente y se sienta al lado de la joven nueva, que se ruboriza. Él le compra una bebida y se pone a persuadirla acompañarle a la primera planta del bar. Allí, en los rincones silenciosos detrás de las cortinas pesadas de terciopelo hay hediondos sofás de color indefinido. Mientras la joven le dé esperanzas de que mantendrán relaciones sexuales, él continuará bebiendo y pagando más y más copas para ella. Tras adquirir experiencia, algunas jóvenes llevan a hombres españoles a gastar considerables sumas de dinero durante las calurosas horas de la noche.
La verdad es que el final de este juego, como norma, llega rápido y resulta poco atractivo. El organismo femenino no aguanta tanta provocación erótica y exige una realización. De repente como hecho a propósito, al cabo de un par de semanas de flirteo interminable con hombres de mediana edad aparece un muchacho más joven. Es cortés, tiene grandes ojos azules, es de constitución atlética y trata a la joven de una manera simplemente encantadora. A la chica, cansada de los gordos y lascivos viejos, él comienza a gustarle trivialmente. En seguida comienzan a verse y acostarse después del trabajo. El muchacho no deja de ir a verla al bar, pero no gasta casi nada en la barra.

Poco a poco los límites existentes entre las relaciones personales y las "profesionales" se van borrando. Y una semana más tarde el propietario del bar le dirá irritado que el muchacho tiene que irse, porque el arrullo de las palomas enamoradas pone nervioso al público e impide que otros clientes gasten su dinero. De repente, el joven enamorado encargará orgullosamente una botella grande de champán. Vaciada la botella, llegará a pagarle a la joven una excursión a la planta de arriba. La joven gritará indignada y nerviosa que ella “no es así”. Él la llevará allí, cubriéndola de besos apasionados y diciéndola que la quiere y que “el lugar y el dinero para él no tienen importancia”. El propietario quedará satisfecho calculando el dinero ganado, y en ese momento se cruza el umbral crítico. Por la mañana el muchacho de repente se pierde y su móvil no contesta. La joven sufre mucho y tiene remordimientos de conciencia, se siente engañada y confusa. El propietario del club le dirá con prepotencia que tiene la opción de poner una cara normal o marcharse a la calle.

rusosSi la muchacha logra dominarse, volverá a ganar dinero en consumiciones para sí misma y para el establecimiento. Al cabo de un par de días aparecerá otro cliente testarudo. Será un poco mayor que su amante perdido, y menos galante. Aunque al conocerle, la muchacha decidirá que es bastante amable y alegre. Él comenzará a consolarla y compadecerse a la muchacha, le contará que las cosas también andan mal en su vida. Pedirá muchas copas, y se emborracharán juntos. Durante la comunicación maldecirán a la abominable mujer de él y al vil amigo de la muchacha. La proposición del hombre a consolarse el uno al otro en la primera planta será el punto álgido del encuentro. De esta forma la muchacha de consumición se convierte en una prostituta ordinaria. Desde este día comenzará a aceptar a los clientes sin problemas. Mientras tanto, el propietario del club, con una sonrisa maquiavélica, pagará la mitad de sus beneficios del primer mes de su trabajo a los dos estafadores profesionales que él mismo contrató para el papel de "primeros clientes”.

Seguimos describiendo los tipos de “mujeres pagadas” de los países de la CEI y pasamos a las “trabajadoras autónomas”. Se trata de profesionales duras y resabidas. De estas aquí hay pocas. A lo largo de los años de trabajo en el sector nocturno aprenden a dominar el idioma a la perfección y comienzan a entender las leyes mejor de lo que lo hacen algunos abogados. Estas artistas están dotadas desde su nacimiento de una habilidad especial para manipular a los hombres. Al haber trabajado unos años en un club, se hacen su propia clientela en base a admiradores permanentes que las tratan como a semidiosas. Deberíamos dar a este tipo de mujeres la categoría de objetos de museo, ya que son muy poco frecuentes y difíciles de imitar. En España tales virtuosas del género podrían dedicarse con éxito a la actividad comercial. Utilizando su encantadora apariencia ganarían cien veces más jugando con la concupiscencia de los "machos" españoles y firmando con ellos contratos internacionales de suministro al por mayor de productos alimenticios.

Las siguientes en nuestra lista de "mujeres pagadas” en España son las esclavas sexuales. Ya nos hemos referido a este término en el contexto de la extraña naturaleza del fenómeno. No podríamos hacer más que completar el tema con la historia breve de una muchacha desgraciada que ilustra de forma ejemplar el proceso habitual de incorporación de las mujeres a la esclavitud.

Olga es originaria de la ciudad septentrional de Inta, tiene 26 años, es una joven alta, morena y tímida, con un tipo esbelto y unos grandes ojos castaños; en su país natal terminó el instituto de medicina y partió a España con la esperanza de encontrar una vacante de enfermera. Pero la función de la agencia de Moscú que le prometía una plaza en el hospital central de Madrid se acabó escandalosamente rápido. La agencia decidió contentarse con el cobro de los únicos mil euros de Olga, ahorrados con sangre, sudor y lágrimas. La joven llegó al país ajeno con una suma miserable de dinero y una pequeña maleta. En el aeropuerto nadie la fue a recogerla, y además, para colmo, en la dirección indicada en los confusos documentos que le dieron antes de viajar no había más que un solar sin edificar. Después de una serie de llamadas a la falsa agencia, la joven comprendió que el número de personas estafadas como ella alcanza ya varios centenares.

Al principio Olga quiso regresar a casa nada más transcurriera la semana de estancia que tenía pagada en el hotel. Pero, de repente, al día siguiente pasó para verla un hombre respetable ruso en un coche grande. Le explicó que la secretaria de la agencia le había hablado sobre Olga y que él tenía trabajo para ella. Que si le convenía viviría en una casa de campo cuidando a un anciano enfermo, un pariente de su mujer española. El anciano resultó ser un discapacitado con parálisis prácticamente al borde de la muerte que causaba pocas molestias. Olga trabajó durante dos semanas y se tranquilizó. El hombre ruso venía constantemente, y le llevaba comida y medicamentos. Hablaba mucho con Olga sobre su vida, la familia y los amigos, y algunas noches la agasajaba con un buen vino.

Ella le contó alegremente que estaba muy contenta de haber encontrado aquel trabajo, ya que en la vida no había tenido mucha suerte. Confesó que los muchachos no le habían gustado nunca, pues su ciudad natal, según su opinión, era un nido de delincuentes. Todos los hombres de allí acababan de salir de la cárcel o iban a ir a parar allí tarde o temprano. Ella misma desde su infancia había sufrido varias veces de la agresividad de éstos y había tenido problemas debido a que era una chica atractiva. Una madre sola y de edad avanzada era toda su familia, y nunca tuvo amigas. En respuesta a su sinceridad, el hombre se compadeció de ella, sonrió extrañamente y pidió su pasaporte para la presentación de una solicitud de registro. Sólo para un día, según le explicó.

rusosUna semana más tarde le pidió a Olga que la acompañara a recoger la ropa de cama del abuelo. Fueron al pueblo vecino, y llegaron a un gran almacén situado en un subsótano semisubterráneo. Él dijo a Olga que le esperara mientras tramitaba unos papeles en uno de los muchos despachos. Pero no volvió en media hora, ni en una hora. En el pequeño local sofocante no había nada excepto una cama y un lavabo minúsculo. Además, no había ventanas. Olga quiso ir a buscarlo, pero la puerta no se abría. Le dio un pánico terrible y se puso a dar golpes a las paredes, lo cual no trajo resultados. Sólo al cabo de dos días, cuando ya se encontraba en un estado de debilidad total por el miedo y la crisis nerviosa, entraron dos hombres desconocidos. Le trajeron un poco de comida y contaron que desde entonces viviría por un tiempo en aquella habitación trabajando de prostituta. Los clientes harían lo que creyeran necesario. Le dijeron que si se resistía o trataba mal a un cliente simplemente la matarían. Olga trató de responderles algo, pero uno de ellos la golpeó. Además, le dijo que eran agrupación organizada seria y ya lo sabían todo sobre ella. Si le daba igual su propio destino, que compadeciera a su viejecita mamá, con la que podría pasar cualquier cosa.

Después de una pequeña pausa teatral, el otro hombre robusto precisó que si Olga era obediente, pronto comenzaría a ganar mucho dinero, y pasaría directamente de vivir en este sótano a vivir en el mismo centro de Madrid. Ya no era la primera vez en la vida que Olga se encontraba en el papel de víctima indefensa en manos de unos canallas. Por eso, rápidamente se resignó a la situación. De esta forma comenzaron los largos meses de sufrimiento de la joven. El miedo por su madre, el temor de regresar avergonzada a casa y el horror ante los posibles malos tratos produjeron su efecto. Olga pasó en la esclavitud más de un año, sin ganar ni un solo céntimo, sirviendo hasta a diez hombres al día. Sólo logró liberarse cuando sus amos se pasaron de la raya definitivamente y pegaron a un policía. Las autoridades de Madrid organizaron una redada y la joven fue detenida por la policía junto con todas las "compañeras de trabajo". Le propusieron dos opciones: podría denunciar a los proxenetas y probablemente recibiría ayuda de las autoridades en su integración en España. La segunda opción era ser deportada junto con los criminales por haberse dedicado a la prostitución.

Olga simplemente se sumió en un estado de shock y dejó de hablar. Finalmente, al cabo de una semana en la policía española le entregaron un certificado temporal de registro y la dejaron en la calle. Allí en seguida se le acercó uno de los canallas que no habían sido detenidos, invitándola a trabajar de lo mismo, esta vez por dinero. Olga evaluó el nivel del peligro y los sufrimientos que la esperaban si regresaba a casa y asintió sin pensárselo mucho. No obstante, declaró que no saldría de la ciudad y exigió que le pagaran cada día. En caso de que volvieran a hacerle daño, esta vez les denunciaría. Sorprendentemente para ella, sus condiciones fueron aceptadas.

Ahora trabaja en uno de los clubs de Madrid, alquila un piso pequeño, y con la ayuda de su patrón español presentó una solicitud de residencia. Recuerda su horrible pasado en la esclavitud casi con indiferencia, y aduce que su vida en la ciudad natal de Inta no era, a fin de cuentas, menos peligrosa y triste.

El último tipo de “mujeres pagadas” de la CEI en España, que no es el menos difundido, son las mujeres mantenidas. En este caso todo comienza cuando una jovencita vive en su país natal soñando con una hermosa vida en el extranjero, comida de calidad y ropa de moda. Por desgracia, los años van pasando mientras se da cuenta de que su destino no es realizar sus sueños por la vía natural. Por ejemplo, no creció en una familia acomodada, no encontró de novio a un millonario ruso y tampoco quiere esperar mucho y esforzarse en la promoción de su carrera en una gran empresa comercial. Guarda esperanzas en encontrar una opción fácil de materializar sus ilusiones. Leyó en la prensa sensacionalista que en España es posible encontrar a un “protector” que la mantendrá a cambio de servicios íntimos. Es decir, como no desea desarrollar relaciones con una pareja potencial en el extranjero según el modelo familiar tradicional, no pretende contraer matrimonio. Dicho de otra forma, no busca más que a un “amigo íntimo” dispuesto a mantenerla.

El término “mantenida” es bien conocido en España. Las relaciones semejantes en el ambiente de los hombres acomodados se practican desde hace mucho. Hace veinte años el papel de amante de un adúltero lo desempeñaban las mujeres españolas. Pero con el flujo de la inmigración de Europa del Este, dicho fenómeno nacional quedó arrastrado por una muchedumbre de rubias de piernas largas y de ojos azules dispuestas a contentarse con gratificaciones tres veces menores.

Alla, una joven de Minsk de 19 años, esbelta y atlética, lleva un peinado corto de mozalbete y tiene una carita chata. En su barrio nunca fue considerada guapa. Era de una familia sencilla de trabajadores de fábrica y vivía en una casa gris en la periferia de la ciudad. Pero le gustaban los ordenadores, y logró persuadir a sus padres para que se gastaran los ahorros familiares en un barato ordenador personal. Al cabo de un mes Alla aprendió a hacer funcionar el nuevo equipo y conoció por Internet a un español de 43 años de Valencia. Tenía una familia feliz, tres hijos y un negocio próspero, pero para una felicidad absoluta en la vida estaba buscando a una amiga joven estable y estaba dispuesto a mantenerla.

Por medio de un diccionario se estuvieron escribiendo por e-mail en un lenguaje mezcla de inglés y español a lo largo de más de tres meses. Cuando alcanzaron un acuerdo, Alla consiguió obtener dinero prestado de su padre, compró un pasaje para viajar a España y partió hacia el lugar donde vivía su amigo telemático. Cuando llegó, aquél la recibió alegre y con un ramo de flores. En seguida la llevó a un piso minúsculo de no más de 25 metros de superficie, alquilado especialmente para Alla al lado de su oficina. En cinco minutos de conversación le explicó que estaba dispuesto a devolverle a Alla el dinero de los billetes si se acostaba con él inmediatamente. Para Alla, que se sentía cansada por una noche de insomnio y el vuelo, la proposición le pareció inadecuada, pero el español insistía y enseñaba el dinero. Entonces la joven propuso beber champán primero por lo menos para celebrar que se habían conocido, prometiendo que después cedería.

rusosA partir de este día su amigo aparecía con regularidad. Había unas horas del día en que ella tenía que esperarle por obligación. Mediante acuerdo mutuo él le fijó un sueldo de 1200 euros al mes por su "papel", pagando también el piso y todos los gastos del piso, excepto el teléfono. No salían juntos a ninguna parte, prácticamente no hablaban. Él venía a la hora de almorzar, se lanzaba con avidez contra ella y absorbía literalmente todas sus fuerzas. Después se iba rápidamente, dejando a veces una caja de bombones baratos o un absurdo muñeco de peluche.

Ella consideraba que tenía un buen trabajo. Y aunque prefería no examinar a su mecenas durante la intimidad, reconocía que fisiológicamente el español era un gigante sexual de verdad. Hasta que supo que habitualmente tomaba Viagra. Alla semanalmente cobraba el dinero de él por adelantado y creía que ganaba una fortuna. No sospechaba que la totalidad de los gastos mensuales que costaba mantenerla no llegaría para pagar una noche en un buen prostíbulo con una señora tan joven y con una figura tan apetitosa. Por otro lado, Alla podía pasear cuanto quisiera por las tiendas europeas de espejos, bronce pulido y cromo brillante, buscando en los escaparates los objetos de sus sueños. Se compró un portátil, un MP3 en el que cargó un montón de música, zapatos deportivos a la moda y unos vaqueros. Dicho de otra forma, Alla obtuvo los valores materiales con los cuales antes no podía ni soñar. Por primera vez en la vida Alla comenzó a pensar que era feliz.

Todo no estaba mal, hasta que el amigo empezó a presentar ciertas desviaciones. Empezó a visitarla con unos “juguetes” indecentes comprados en un sex shop que eran cada vez más sofisticados. El hombre comenzó a tomar cocaína directamente en presencia de Alla haciéndole ingerir estimulantes también a ella. Después la ataba con sus “accesorios” y mantenía relaciones sexuales con ella causándole dolor y haciéndole hematomas. Dichos juegos causaban a Alla cada vez más incomodidades físicas. Por fin, trató de decir al amigo español que aquello no le gustaba.

Entonces aquél le explicó con una total tranquilidad que podía irse cuando quisiera. Pero que entonces él se llevaría las llaves del piso, entregaría a la policía una copia de su pasaporte y denunciaría a la joven por consumo de drogas, diciendo que tras alquilarle aquella perrera no pagaba las facturas y además le había robado.

El español no apareció durante tres días y cuando volvió Alla prefirió ya no contradecir sus deseos. Decidió que no estaba dispuesta a privarse del dinero ni de esta habitación miserable, aunque fuera bajo la amenaza de las formas más perversas de convivencia. Alla vivió más de dos años desempeñando este papel. Adelgazó mucho, y le salieron muchas arrugas en la cara. Por las noches Alla se asustaba por el hecho que debido a las necesidades poco naturales del amigo español a menudo le dolían las entrañas. Pero se dio cuenta de que había traspasado el umbral cuando comprendió para ella la cocaína había reemplazado el café, y que junto con el español empezaron a venir sus amigos. Se dio cuenta de que acabaría mal y de que tenía que marcharse de allí. Menos mal que en aquellos meses ella aprendió un poco de español, logró ahorrar dinero, trató de encontrar trabajo y alquilar un piso. No obstante, como no tenía los documentos en regla no logró arreglar nada. Al mismo tiempo, conoció a otras jóvenes semejantes. Al oír las quejas de Alla sobre las desviaciones de su amigo, no hicieron más que sonreír, con lo cual le dieron a comprender que ni mucho menos era la única con ese destino.

Al fin Alla consiguió un piso por medio de una de las nuevas compañeras y desapareció de la vida del amigo español. Actualmente tiene 21 años, pero aparenta unos 30. Alla trabaja de “mujer pagada” en uno de los establecimientos nocturnos de Valencia, y continúa tomando cocaína con regularidad. A la pregunta de qué piensa de la vida, de su futuro, Alla sonríe nerviosa, se muerde los labios y responde con voz baja y cansada: "Ya veremos".

 

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