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Simplemente empresarios

rusos

Una vez más empecemos por el propio término. En todo el mundo un empresario es, antes que nada, una persona emprendedora adinerada que tiene aptitudes para la actividad comercial, la formación correspondiente, y que además es capaz de ver en las situaciones habituales de la vida algo nuevo que le permite desarrollar su negocio y ganar cada vez más dinero. Y además, conservar e invertir este dinero con la finalidad de obtener un nuevo beneficio.

Pero en España, una vez más, todo es un poco distinto. Aquí los empresarios conforman una gran capa social. La orgullosa denominación de “simplemente empresario” en España es anhelada por casi cada ciudadano de la ex-URSS que llega a esta tierra con el objetivo de quedarse aquí. Están seguros de que son los sagrados portadores de geniales ideas y exclusivas propuestas y de que cualquiera que les conozca se enriquecerá rápidamente.

Naturalmente, pensar así sobre uno mismo puede hacerlo cada uno de ellos, pero ser de verdad de esa manera ya es otra cosa. El problema de los representantes de este grupo es siempre el mismo: el financiero.

Hombres y mujeres, como norma de edad media, con un aspecto emprendedor y una naturaleza activa se mueven con montañas de documentos y propuestas de negocio por todos los litorales de España. Con un talante ardoroso se venden unos a otros y a toda persona bien vestida que encuentre todo aquello que pueda venderse. La cuestión es hasta qué punto lo consiguen.

El inicio de este fenómeno se remonta a finales de los años 80 – principios de los 90 del siglo pasado, cuando en la URSS tuvo lugar la famosa perestroika y ser comerciante estaba de moda y era vitalmente necesario. Se consideraban comerciantes hasta los alumnos de las escuelas, por no hablar del resto de personas normales, incluyendo a sus abuelos y abuelas.

Quizá hace quince años, en la época de su juventud, arraigó en su mente un modelo de supervivencia en un ambiente agresivo y desconocido. Posteriormente, cuando llegaron a un país ajeno, desconocido y por eso peligroso, su mente no pudo inventar nada mejor que activar un algoritmo de defensa ya probado.

Hasta el momento la ciencia desconoce la causa por la cual este instinto se activa de una forma muy específica en las personas de habla rusa poco acomodadas de edad media y formación superior después de su emigración a España. Estos individuos no desean simplemente trabajar en una obra de construcción, contratarse de camarero en un restaurante o dar clases de canto coral a los hijos de los oligarcas. A pesar de una ausencia casi absoluta de dinero en el bolsillo, tratan de convencer con fervor de lo contrario a todos, desde sí mismo hasta un primero que se encuentren en el camino. Cuando tratan de pintar sus anteriores logros y efímeras victorias, sus intentos de se ven tristes y desacertados. Al cabo de media hora de conversación en un café de la calle ya proponen de urgencia constituir un negocio conjunto muy beneficioso a cualquiera que vista de traje y corbata. A veces se encuentran entre ellos verdaderos guerrilleros. Por ejemplo, hace menos de un mes vino a nuestra oficina un ucraniano alto, de unos cuarenta años de edad, con un maletín gastado y bastante sensato a primera vista. Nos propuso con toda la seriedad un ciclo de Herbalife para toda la compañía. Hizo llorar hasta a la secretaria.

Para ser justos, debemos reconocer que se puede considerar a los “simplemente empresarios” unos individuos afortunados como pocos, que con el paso del tiempo logran adaptarse al país extraño, a su idioma, sus leyes y sus objetos cotidianos. Es más, estas personas no sólo logran evitar el despilfarro de los recursos acumulados en una tenaz lucha, sino que además los incrementan. Más que una regla son una excepción.
Dicho de otra forma, si busca socios para un negocio en un país extraño y por casualidades de la vida se encuentra con una persona que vino sin dinero, consiguió organizar en España su propio negocio y durante más de dos o tres años saca beneficios de forma legal – ¡Bingo! Si sus intereses coinciden mutuamente, crea que es el mejor encuentro de su vida comercial. Lo más probable es que haya superado todos los obstáculos que se podría imaginar en el proceso de formación de su negocio en el extranjero. Significa que esta persona sabe de verdad cómo se hace esto. Es portador de una información valiosa, que usted necesita conocer antes de emprender cualquier acción. Mantenga amistades con él, pague sus consultas, si se lo pide. En cualquier caso amortizará con creces estos gastos ahorrando en errores horribles, que podrá evitar gracias a sus consejos.

No obstante, si volvemos a la estadística pura y dura tenemos que recordar que no son más de 20 de cada 1000 “simplemente empresarios” los inmigrantes los que logran el éxito y la integración en España. Los demás se retiran de la carrera durante el primer año de estancia, pasan a contratarse o continúan luchando por orgullo ya sin atenerse plenamente a las normas. La finalidad de este proceso nuevo es banal y dramática. Ya no les hace falta dinero para el negocio, sino para subsistir. Si usted se encuentra con ellos con facilidad podría deshacerse de dos o tres miles de euros. Al cabo un mes no podrá decir con claridad por qué se los dio. Pero es sólo la mitad del problema. Conseguir prestado un poco de efectivo y desaparecer no es un pecado mortal. Es más espantosa y deplorable la situación de los “simples empresarios” fracasados, que se dedican a esta actividad de forma consciente y constante.

Estamos hablando del síndrome de una persona cansada e irresponsable, desilusionada de la vida y de sus fuerzas, sin aspiración a profundizar en las causas de sus fracasos y sin deseo de aprender de sus propios errores. Cuando se encuentran en España en un clima altamente tolerante hacia los timadores, la gente así se degrada rápido. Hacen su oficio del engaño intencionado de los inmigrantes que acaban de llegar, de los que sacan dinero bajo algún pretexto. Estos sujetos no llevan más que problemas. A un hombre de estos no le interesa ni le atrae otra cosa que conseguir una módica cantidad para sujetar los pantalones de la economía familiar durante el mes en curso.

No vaya a comer con ellos en el restaurante, de lo contrario tendrá que pagar usted mismo por todos. Pregunte si puede visitar su oficina y con una probabilidad alta “resultará” ésta en obras o en proceso de traslado. Es decir, es casi seguro que no existe como tal, que le llevarán a una oficina ajena, donde “alquilan temporalmente una habitación como oficina”. Pregunte qué coche posee y verá un trasto cuyo valor no supera dos mil euros, si no es que se trata de un ciclomotor. Lo más importante es que bajo ninguna circunstancia trate de recuperar por la fuerza el dinero que usted les haya entregado, aunque le parezca a primera vista que su éxito es incuestionable.

La legislación de España está organizada de tal forma que los estafadores de esta índole con un mínimo indicio de presión física de su parte o un ligero papirote en su descarada nariz se convertirán por arte de magia de sospechosos en víctimas. Mientras que usted para la policía local de inmediato y para siempre quedaría en las listas negras de “mafia rusa”. Eso es justo lo que esperan: convertirse una vez más en víctima sin tener que devolverle los dos mil euros. El guión es simple:

  1. Usted, cansado de que le den largas, desea encontrarse con ellos.
  2. Se cita la reunión, se reúnen las partes y van juntos al café de turno.
  3. Estos farsantes se portan de una forma fantásticamente grosera, provocándole para que llegue a las manos.
  4. La patrulla llega en un instante.

En la comisaría un policía joven de guardia formalizando su expediente le sorprenderá diciendo que allí todos ya conocen al estafador “perjudicado” desde hace tiempo y no es usted el primero, pero ¡nos encontramos en Europa! Es más grave causar lesiones corporales que estafar. Ya no es necesario continuar y queda claro que cuanto menos tiempo pase junto a ellos, más tiempo le quedará para negocios afortunados.

 

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