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El “oligarca ruso en tierra extraña”

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Para empezar definamos el término. Un oligarca ruso es un multimillonario que no sólo ha sido capaz de ganar sumas astronómicas de dinero, sino que además está profundamente integrado en las estructuras de poder gubernamental de su patria histórica. Es capaz de influir globalmente en los procesos económicos y los acontecimientos políticos del país. Para él trabaja todo un ejército de profesionales de distintos ámbitos, desde analistas hasta abogados, guardaespaldas y detectives privados. En el mundo, estos oligarcas rusos se pueden contar con los dedos de una mano. Las primeras planas de los periódicos de los cinco continentes hablan de ellos sin cesar, y si uno de estos oligarcas se atraganta bebiendo un Martini, las telenoticias lo contarán antes de que recupere la respiración. Pues bien, ahora no hablaremos de ellos.

Ahora hablaremos del tipo de persona a la que en España se la suele tomar de inmediato por un oligarca ruso. Es de suponer que todos los españoles tienen tantas ganas de conocer a un verdadero millonario ruso que llaman oligarca ruso a cualquier hombre de negocios rusohablante que tenga diez millones de euros. En Moscú a este hombre se sería considerado simplemente un empresario de nivel medio, mientras su capital parece visto con lentes de aumento.

Cuando compra un pequeño hotel en una población en la costa (en Rusia esto es un negocio de poca monta), las habladurías ponen sobre la cabeza poco bronceada del “oligarca ruso” laureles de un personaje que maneja la economía mundial. Y más aún si además del hotel se compra el inmigrante “la casa más grande” del pueblo de al lado, ¡ya está! La situación está clara para los vecinos. Se lanzarán por todos lados rumores sobre un nido de la mafia rusa y se empezará a gritar desde los balcones que un nuevo oligarca ruso acapara al por mayor todos los inmuebles de su localidad. ¡Cuántas ganas tiene la gente de creer en su felicidad! No en vano se dice que la esperanza es lo último que se pierde.

Ahora analicemos los acontecimientos desde la visión del “Oligarca ruso en tierra extraña”. No será difícil imaginar los torrentes de emociones que experimentará en estos momentos el inversor que acaba de llegar y desconoce las tradiciones españolas de hospitalidad. ¡Claro que le agradará escuchar todos estos chismes! Y es que cada empresario rusohablante, evolucionado en un ambiente de competencia y lucha por tener una buena imagen, será feliz de sentirse como el más espabilado del pueblo, aunque sea por poco tiempo. Por supuesto, al oír comentarios de admiración sobre su persona, él tratará de reducirlo todo a bromas, pero al final desistirá, aceptará las condiciones de la mascarada y empezará a hacerles el juego. No obstante, esta cancioncita puede tener un final triste.

rusosSe sabe que pocos hombres de negocios rusohablantes se deciden de inmediato a residir y trabajar en la misma ciudad de Barcelona. Es una ciudad ruidosa y complicada para la adaptación inmediata. Es agradable a la hora de descansar, pero resulta demasiado incomprensible y extraña como para hacer inversiones relámpago con los millones de euros que han ganado con tanto esfuerzo. Por eso la mayor parte de las inversiones “rusas” se realizan en las zonas de la costa cercanas a la capital. Es decir, ahí donde el pie de este inversor pisó más de una vez durante sus vacaciones de verano en los años anteriores. Estos mismos parajes son escogidos por los “Oligarcas en tierra extraña” como lugar de residencia, como atraídos por un poderoso imán a sus queridas playas, un ambiente más o menos conocido y unos precios de inmuebles más bajos que los de la capital.

Lo más interesante en la vida de este inversor en España comenzará con el pago documentado las primeras grandes cantidades. A partir de este momento, vaya a donde vaya, cualquiera que sea el restaurante que visite en “su” población, en cada sitio se oirán susurros animados de “oh, la mafia rusa!”, “oh, ese millonario!”. En un bar sí y en otro también se le acercará el propietario con los brazos abiertos para darle la bienvenida y obsequiarle con café y todo el vino tinto que quiera beberse. Claro que el “Oligarca ruso en tierra extraña” se dará cuenta que la causa de la hospitalidad del propietario no será la simpatía connatural hacia los rusos, sino ideas como “a lo mejor ese ricachón acaba comprando mi negocio”. No obstante, le importan tres cominos las emociones que de verdad experimentan los demás. Estará feliz por los halagos y la admiración, y se sentirá como pez en el agua.

Y así este hombre empieza a quedar envuelto en un cierto mito de otro mundo; lo rodeará una pléyade de emprendedores de bajo calado y funcionarios minúsculos, mientras que mujeres de vida ligera pasearán sus perritos delante de su césped. En el caso de que el inversor sea una mujer, todos los guaperas locales se ofrecerán a arreglarle la tapia y cuidarle el jardín marcando bíceps y lanzándole lánguidas miradas.
Puede haber una multitud de escenarios por los que puede evolucionar esta situación, pero por no sé sabe qué enigmática razón a menudo se da uno solo. Parece que era ayer cuando uno podía tratar con un tipo así sobre los negocios, que escuchaba con atención al interlocutor y a veces incluso recurría a los servicios de abogados y contables. Pero de pronto todo cambia, y los caprichosos efluvios de la fama provincial acaban arruinando la reputación del inversor.

El lapso desde la gloriosa llegada a las arenas doradas hasta el comienzo de la caída se mide entre 6 y 24 meses. Un oligarca ruso de la última hornada adquiere una imagen positiva y empieza a “saberlo todo mejor que nadie”, y toma decisiones totalmente independientes acerca de los negocios y de su posición social. Este tipo de comportamiento lleva inmediatamente a complicar las relaciones sociales y los contactos comerciales. Aún ayer todo parecía de color de rosa, se le recibía con los brazos abiertos, y hoy en día no han quedado más que miradas de desconfianza y un sospechoso entorno de gorrones inútiles.

En España no circula tanto dinero en efectivo como en Moscú, Kiev u otras capitales de las antiguas grandes repúblicas. Lo que sí hay en España es un gran deseo de recibir este dinero de “rusos inmensamente ricos”, categoría a que se atribuye a ciudadanos procedentes de todos los rincones de la antigua URSS, a pesar de que entre ellos haya muchas diferencias en la apariencia, e incluso de que algunos de ellos no hablen el idioma ruso. Para los españoles, los que llegan de Rusia, Ucrania, Bielorrusia, Kazajstán, Armenia y otras repúblicas hermanas de la Unión Soviética son todos rusos. En España les espera una acogida benévola bajo la condición de que tengan una cantidad suficiente de efectivo en metálico.

El interrogante consiste en si podrán ellos interpretar bien y mantener la acogida bondadosa del Mediterráneo y de sus habitantes, distinguir entre las decenas de manos extendidas para entablar conocimiento las que son limpias y no llevan malas intenciones. Si se le ocurre estar al lado de un “Oligarca ruso en tierra extraña”, tenga cuidado y no se pase la rosca con los piropos y los promesas. Por un lado usted, no llegará a sorprenderle con nada, pues está acostumbrado a las “canciones dulces”. Por el otro, está sujeto a pasiones y afectos igual que cualquier persona. Una acogida demasiado afectiva podría jugar contra las perspectivas de cooperación. A la hora de llegar a un país ajeno, el oligarca ruso necesita más consejos realistas y datos actualizados que halago y gestos de admiración. Es posible que leídas estas líneas, sea usted la persona que pueda apoyar oportunamente a una persona así evitando que unos rateros estropeen su impresión de España.

rusosResulta que con hacerle el juego a un “Oligarca ruso en tierra extraña” y con ayudarle a percibirse a sí mismo como tal, usted lograría hacerse amigo suyo y venderle en poco tiempo su casa por un precio superior al de mercado. Y después adjudicarse un suculento proyecto de reforma de un hotel adquirido recientemente. No obstante, se tratará de un beneficio pasajero que no hará su vida mucho más agradable. Cuando se descubra su comportamiento deshonesto, y el “Oligarca ruso en tierra extraña” se dé cuenta que usted se aprovechó de la bondad de su alma y se puso las botas a cuesta de su dinero, le está garantizado un duradero dolor de cabeza.

Al pasar el año o los dos años de los que hemos hablado la mezcla del clima mediterráneo, la buena comida, el vivir la vida a todo trapo y el séquito de aventureros aduladores pretenderán deteriorar las mentes más lúcidas de los “oligarcas rusos en tierra extraña”. En 10 años de observación de las costas españolas hemos detectado menos de un 10% de inversores medianos (inversiones de más de 3 millones de euros) de la antigua URSS con adaptación satisfactoria. Afortunadamente no nos toca valorar el grado de su satisfacción de la vida y el éxito de sus operaciones financieras. No pretendemos más que informar sobre la situación real en esta capa de la sociedad a los que van a probar sus fuerzas inversoras en este territorio, así como a los que van a entrar en contacto con oligarcas rusos. Vienen con un buen estado de ánimo, pero cuando el dinero se empieza a agotar sin garantizarles un futuro feliz, será mejor evitar encontrarse cerca de ellos.

Ahora aclaremos por qué hemos bautizado a estos inversores rusos precisamente de “oligarcas en tierra extraña”. Es porque a decir verdad nadie de ellos ha abandonado su patria por su propia voluntad. En realidad son bastante patrióticos y si se les preguntara al estar juntos a la mesa con una copa de coñac si se estaba bien “allá en casa”, seguramente se oiría como única respuesta un profundo suspiro. Claro que con una fortuna así se vive bien en todas partes, y en la patria en especial. Sólo circunstancias turbias, para no decir dramáticas, de su pasado (que no se suelen anunciar por razones objetivas) pueden forzar a cambiar de forma tan radical el curso de toda una vida. Suele ser un conflicto con las autoridades, el miedo a la falta de estabilidad de estas autoridades o el miedo a la persecución criminal o fiscal. Dicho de otra forma, nada bueno. Por eso, si trata un negocio con una persona de este tipo, no aborde bajo ninguna circunstancia este tema y no le pregunte de las causas de su salida del país. Evite hablar de su pasado. Será mejor para usted y para su negocio.

Además, vale la pena avisar a todos a quienes la suerte les una con un “oligarca rusos en tierra extraña” en un ambiente festivo. Por ejemplo, imagine que le ha conocido en una fiesta llevando en el bolsillo una buena porción de dinero disponible. ¡Ojo! No tiene que temer que “le den un palo” o que le ofrezca protección de la mafia rusa. De esto no hay que preocuparse. Esté alerta y desconfíe de las invitaciones cordiales de visitar los mejores restaurantes, dar un paseo en yate o ir a darse una vuelta por Monte Carlo.

Como norma, de entre las personas que rodean a los “oligarcas en tierra extraña”, pocas son capaces de gastar grandes cantidades de dinero en diversiones. Si el oligarca necesita fiesta, tiene que abonarla de su propio bolsillo. La aparición de usted, una persona relativamente acomodada, comparada con el séquito habitual del oligarca, puede ser un elemento motivador para él. Los “oligarcas rusos en tierra extraña” en general son inteligentes, de personalidad destacada, atractivos y con magnetismo. Si el oligarca está de buen humor, no será difícil entablar una conversación e incluso hacer amistades en un plazo medio. En ciertas circunstancias todos los “oligarcas rusos en tierra extraña” adoran entablar nuevas relaciones con los españoles bien vestidos y acomodados. Por eso, usted podría encontrarse sin darse cuenta en un tren de vida de enormes gastos lo cual podría tener un efecto negativo en su economía familiar. Lo que un “oligarca ruso en tierra extraña” considera gastos corrientes bien se puede comparar con su balance trimestral. Cuando está de juerga, un oligarca puede gastar hasta veinte mil euros diarios. Si usted participa de la juerga con él como amigo, no tiene más que calcular.

Atraer constantemente a la cantidad máxima posible de gente positiva constituye una particularidad básica de los “oligarcas rusos en tierra extraña”. Por lo visto, en ellos redundan los atavismos de la conciencia formada por un pasado socialista. Es posible que en el desarrollo de su relación, el primer día surjan conversaciones de perspectivas brillantes de negocio conjunto. Se hablará inmediatamente de lo difícil que es la vida a solas de un oligarca ruso en España, de lo mucho que necesita un socio de verdad. Es lamentable, pero en 99 casos de 100 no será más que una agradable cháchara de sobremesa y una forma de divertirse juntos por algún tiempo más, de vivir unos momentos agradables tratando con personas educadas y cultas. De otra forma a los oligarcas les gusta mostrarse a sí mismos en público, sobre todo cuando hay nuevos espectadores de nivel alto. Por eso, recuerde que en la relación con usted no les interesa nada más que malgastar la vida juntos.

Pues en realidad, según los mismos “oligarcas rusos”, éstos poseen ya todo lo necesario para una vida larga y feliz, también en España. O sea que cualquier molestia relacionada con nuevos negocios en un país extraño es tiempo perdido. Es así, aunque de sus bocas salga exactamente lo contrario. Si deciden sacar algún beneficio y organizar algo en España, lo harán según sus propias leyes y a partir de sus viejos principios, a propósito, bastante tiránicos, y lucrativos para nadie más que ellos mismos.

Podría integrar su séquito y empezar a cumplir con sus encargos, o comer de vez en cuando con el oligarca. Lo más probable es que no se formen relaciones de trabajo de igual a igual. En general son personas bastante agradables hasta el momento en que se llega a la recta final de una crisis financiera. Cuando sus ahorros empiecen a derretirse a ritmo galopante bajo el sol de España, y al mismo tiempo los nuevos ingresos locales no den los resultados esperados, los “oligarcas rusos en tierra extraña” entrarán en un período de depresión. En este momento sería aconsejable mantenerse lo más lejos posible de ellos, porque sería fácil resultar uno de los culpables de sus desgracias. En cualquier caso, si conoció a un “oligarca ruso”, vale la pena y es útil mantener relaciones con él. Un encuentro así es un estupendo intercambio de experiencias vitales.

 

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