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Las nuevas estaciones del metro de Moscú

Las nuevas estaciones del metro de Moscú

Si algún visitante casual llega durante estas semanas a alguno de los barrios más populosos de las afueras de Moscú, es posible que se vea sorprendido por unas extrañas luces en la noche. Verá que, en los grandes edificios de vecinos, algunas ventanas están fuertemente iluminadas, mucho más que las demás, como si fueran faros. No es nada malo. En ruso se llama “rassada”, pequeñas macetas con semillas que se plantan en casa para después ser trasladadas a los huertos de las casas de campo. Unas potentísimas bombillas (utilizadas desde hace tiempo por cultivadores de otro tipo de hierbas), ayudan a crecer y a desarrollarse, rápida y eficazmente, a las futuras tomateras, matas de judías, fresas… que en verano crecerán alrededor de las famosas “dachas”.

Las otras luces son una serie interminable de fogonazos provocados por los trabajadores que, durante veinticuatro horas al día, construyen las nuevas estaciones del Metro de Moscú. Durante toda la noche, los chispazos de las soldaduras hacen iluminarse el cielo y las fachadas de los edificios cercanos con una repetición incansable. Son molestias, pero ya menores a cuando usaban los taladros gigantes. En las vallas que delimitan las zonas de obras, el ayuntamiento de la ciudad ha colocado unos carteles, con grandes letras: “LAS MOLESTIAS SON TEMPORALES, EL METRO ES PARA SIEMPRE”.

Las inevitables molestias se han visto incrementadas por la forma de construcción de los nuevos tramos del metro. Se optó por construir y cavar “desde arriba”, en lugar de utilizar grandes tuneladoras subterráneas. La decisión ha terminado resultando una buena idea: aunque es un proceso más lento, este sistema resulta más barato a la vez que necesita de más trabajadores. En medio de la crisis imperante, el Metro de Moscú mantiene miles de puestos de trabajo, ya presupuestados hace tiempo, lo que permite a miles de familias mantener sus ingresos.

En el 2025, la red del Metro de Moscú casi habrá duplicado su longitud respecto al que tenía a principios de este siglo. Durante los últimos años se han ido abriendo nuevas estaciones, incluyendo aquellas que ya van formando lo que algún día serán parte de la segunda línea circular de la ciudad, otro anillo exterior que acercará a los barrios de las afueras entre sí. El ritmo de inauguraciones se ha disparado, y así continuará durante la próxima década.

Las nuevas estaciones del metro de Moscú. KomsomolskayaLas nuevas estaciones del metro de Moscú. Ploshad Revolucii

Pero, además de las ventajas y comodidades que la expansión del metro tiene para los ciudadanos de la capital, el Metro de Moscú tiene un valor simbólico, artístico y cultural que atrae la atención más allá de sus méritos técnicos. Desde que abrieron sus dos primeras paradas, allá por el año 1935, y hasta nuestros días, el Metro en Rusia ha sido un reflejo de los ideales y principios más populares o de aquellos que se querían trasmitir a los habitantes del país. Por eso que cada nueva inauguración viene precedida por largas discusiones sobre el aspecto que finalmente tendrá cada vestíbulo y pasillo.

Las primeras salas del Metro de Moscú fueron construidas bajo la ideología heredera de la Revolución de Octubre, que bajo tierra se resumió en el lema de “hacer palacios para el pueblo”, en contraste con la época pasada cuando los palacios, los de la superficie, eran sólo para unos pocos. Hoy, diez millones de pasajeros utilizan esos palacios subterráneos diariamente. Para nosotros resulta imposible imaginar el impacto que aquellas salas, de diseño futurista, mármol en toneladas y mosaicos de museo, pudo causar entre una población que salía de un mundo feudal. Son las estaciones más céntricas de las líneas roja, azul y verde. La temática de sus adornos la dedicaron a la propia Revolución de Octubre y a la formación del nuevo estado soviético, la electrificación del país, las nuevas fábricas, la democratización de la cultura... Años después, durante y tras la Segunda Guerra Mundial, el diseño de los vestíbulos se dedicó a la victoria del pueblo soviético contra el fascismo y a algunos símbolos de la cultura moderna del país: es el caso de paradas como “Mayakovskaya”, de la línea verde, las de la ampliación de la línea azul y, sobre todo, las de la línea circular, posiblemente, la más famosa de todas. Sus salas y bóvedas, construidas durante los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado, siguen siendo hasta hoy las de mayor valor artístico y arquitectónico.

Llegados los años sesenta y setenta, los gastos en el desarrollo del metro se suavizaron tras los grandes esfuerzos de reconstrucción del país tras la Segunda Guerra Mundial, en la que la Unión Soviética sufrió los más duros golpes en su territorio. No por ello las nuevas estaciones perdieron en espectacularidad. Buenos ejemplos de ello se pueden encontrar en las líneas amarilla o morada, en paradas como “Marksistkaya”, “Aviamotornaya” o “Krasnopresnenskaya”, diseñadas por afamados artistas soviéticos con evidentes guiños a las corrientes artísticas del abstraccionismo o del suprematismo soviético de los años 20. También se empezó a llevar el metro a los barrios más alejados, y en esas nuevas paradas las líneas se volvieron más sencillas y los adornos más escuetos. Cabe destacar la rara e impactante estación – puente “Vorobyovy Gory”, la más larga del país, de mármol negro y verde, construida sobre el río con motivo de las Olimpiadas de Moscú del año ochenta.

Las nuevas estaciones del metro de Moscú. MarksistskayaLas nuevas estaciones del metro de Moscú. Krasnopresnenskaja

Tras el fin de la Unión Soviética, durante los años noventa y los primeros del nuevo siglo, el desarrollo del Metro de Moscú se ralentizó bruscamente. Aun así, se proyectaron y construyeron algunas estaciones nuevas, entre las que destacan, entre otras, Sretensky Bulvar o Slaviansky Bulvar, en las que también quedaban reflejadas, en sus propios nombres (“Bulevar Sretensky”, en honor a un viejo monasterio del centro de Moscú, y “Bulevar Eslavo”), y sus diseños, inspirados en el tradicionalismo ruso, las tendencias ideológicas más comunes entre la población o dirigidas hacia ella. Pero con la construcción de esas nuevas paradas quedó claro un hecho: el futuro desarrollo del Metro de Moscú habrá de seguir siendo un referente artístico y arquitectónico, debido a una obligación inspirada en el difícil agravio comparativo con el pasado que causaría realizar una serie de construcciones “simples”.

Las nuevas estaciones del metro de Moscú. MayakovskayaLas nuevas estaciones del metro de Moscú. Aviamotornaya

A causa de todo ello se entiende la expectación que hoy sigue causando cada apertura. Y hay que admitir que las nuevas construcciones, abiertas en los últimos dos o tres años, tienen un aspecto, simplemente, espectacular. En ellas, como no podía ser otra manera, también se ven reflejadas la ideología imperante en la actualidad, o, quizás, la falta de ella. Las nuevas instalaciones son un ejercicio de limpieza y supuesta pureza ejemplar. Lo más llamativo es su iluminación, que imita casi a la perfección la luz natural, habiéndose hecho de día bajo tierra. Los motivos ornamentales están basados en inocentes elementos de la naturaleza: el caso más llamativo es, quizás, la nueva estación de “Tropariovo”, donde unos árboles gigantes de metal y espejos hacen rebotar la luz por toda la gran bóveda. A finales de este año, la futura parada “Ramenki” estará adornada con motivos que recordarán a un antiguo bosque de robles que había en esa zona de la ciudad. Las nuevas salas son también sorprendentemente espaciosas, pulcras, diáfanas, con el mínimo de elementos que molesten la visión completa del conjunto. El deseo es el de transmitir sensación de culto a lo práctico, a lo básico y elemental, además de intentar dar sensación de limpieza y trasparencia.

Las nuevas estaciones del metro de Moscú. Sretenskiy bulvarLas nuevas estaciones del metro de Moscú. Slaviansliy bulvar

Ningún visitante lamentará dedicar una parte de su tiempo a conocer, dentro de lo posible, el inmenso metro de Moscú. Ahora, además de concentrar su visita a las estaciones más céntricas, inevitables por su infinito valor artístico, debería también visitar estas nuevas paradas. Recibirá un indudable placer estético y se llevará en la retina una buena lección de la cultura e historia oficial, más amable, de este país.

EP

 

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