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El negocio del juego en Rusia

Noticias de Rusia

juegoCuando Vladimir Putin abandonó Smolny, y de ello dejó constancia en su libro autobiográfico “En primera persona”, lamentó no haber visitado el casino de San Petersburgo. En 2009 el asunto de los juegos de azar tuvo uno gran resonancia en toda Rusia. Desde el 1 de julio el negocio legal del juego en Rusia se había acabado. Mientras que el ilegal, por el contrario, incluso después de la prohibición, continuó en buen estado de salud.

Los casinos se limitaron a cambiar de cara, se convirtieron en clubs de lotería. Los “bandidos armados” se convirtieron en terminales de pago y los juegos, en “actividades de estímulo”. Las tragaperras llamadas Stolbiki y Romashki, prohibidas desde 2005, en 2009 volvieron a  la calle después de pasar por una modernización global. Funcionan ahora como máquinas expendedoras: por 100 euros las Stolbik vendían un chiste en cheques de caja y por 200, el horóscopo. Pero la “prima” al comprador siguió siendo el black-jack.

Así continuó todo durante año y medio. Todo lo que prohibió la nueva ley estaba permitido en la Ley de Loterías. Recuerdo que en Eelex 2009, una exposición de juegos de azar (que, como a hecho a propósito, se celebró cuando faltaban dos semanas para el 1 de julio) se ofrecía convertir las máquinas de juego en máquinas de lotería por 500 dólares. Y, por 10 dólares, se podían comprar licencias especiales que salvaban de los controles policiales. Y se hicieron numerosos pedidos.

Y ahora se ha aclarado que en la Ley de Loterías hay lagunas y que nada debería permitir a los salones de juego clandestinos funcionar como si fueran loterías.

Los juegos de azar a la sombra dan de comer a más de uno. No hablamos de los jugadores, por supuesto. Sólo los lobbys ganan con los casinos ilegales: los propietarios de los clubs de juego, los millonarios, los funcionarios… se trata de un negocio que cuenta con protectores. Las máquinas de juego de Ivan Nazarov, figurante de una escandalosa historia en un casino cerca de Moscú, estafaban a la gente no porque lo permitiera la existencia de lagunas en la legislación, sino porque lo permitían los funcionarios y policías locales.

Un funcionario de Serguiev Posad se quejaba: “no da tiempo a confiscar las máquinas. En cuanto quitas una, aparece otra”. Su colega del distrito Shelkovski, cerca de Moscú, recuerda cómo en una operación conjunta con funcionarios les interrumpió una llamada “desde arriba”. Las máquinas volvieron a su puesto.

Y ¿qué queríais? Antes de la prohibición el giro legal de la industria del juego en Rusia estaba valorado en 4-6 mil millones de dólares. El ilegal, en tres o cuatro veces más. Una máquina proporcionaba a su propietario una media de 32000 rublos al mes. Unos beneficios demasiado altos para que la industria del azar desapareciera.  Cuando se liquidó uno de los casinos ilegales de Moscú (según datos oficiales, había unos 900 de ellos), se incautaron chips por valor de 10 millones de dólares. Y de los 78 aparatos de juego se incautaron ingresos por valor de más de 352000 rublos.

Des del principio de los años 90 el negocio del juego fue un buen ”feeder”. Bandidos y miembros de la División de Delitos Económicos se alimentaban de él. En la actualidad se puede prohibir por ley cada año las loterías, el poker y demás, pero si paralelamente no se cortan los flujos financieros que alimentan a los funcionarios y burócratas, el efecto será nulo. La manera de eludir la prohibición siempre existirá. En un caso extremo, siempre se podrá volver al juego de los “tres dedales”.

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