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La eco-manía conduce a los rusos hasta los productos españoles

Noticias de Rusia

La eco-manía conduce a los rusos hasta los productos españoles

Hoy en día, la realidad rusa está marcada por el crecimiento del culto a los productos naturales. Bastará con etiquetar un artículo como “orgánico”, “bio” o “eco” y en un instante pasará a ser la elección de todo el mundo. 

Esta tendencia se puso de moda por dos razones: por primera vez en la historia los rusos prestaron atención a la calidad del producto y, por ende, se dieron cuenta de la diferencia entre la publicidad y el contenido real de lo que consumían. Y, aunque apenas 10 años atrás un comprador ruso se consideraba “una víctima de la publicidad”, hoy este asunto ha dado un giro de 180 grados. Ahora estamos hablando de un comprador totalmente desconfiado.

El número de los incrédulos actualmente alcanza un 61 % de la población rusa. Este es el porcentaje de ciudadanos que compra constantemente los eco-productos. Mientras que hace un par de años se trataba de jóvenes entre 25 y 35 años, junto a este grupo se alinean hoy los jubilados que, de repente, han empezado a hacer ejercicio, han dejado de fumar y han sustituido el vodka por el vino.

Durante el verano pasado, en las ferias callejeras de Moscú llamadas “Días de mermelada”, fue presentado un número record de productos “eco”. Los fabricantes respondieron a la demanda con un surtido asombroso: más de 20 variedades de biscotes de lino, 30 tipos de granola, confituras de diferentes bayas, hierbas, nueces y sus combinaciones, decenas de tipos de té y chocolate. Entre toda esa variedad se ofrecían ropas, calzados y accesorios bajo la etiqueta “eco”. Los compradores no se dejaban llevar por la estética, sino que seleccionaban lo que había sido hecho a mano y de material orgánico. Los artículos de lino, algodón, cachemir y cáñamo fueron los más admirados y, por lo visto, sus altos precios no importaron en demasía.

La eco-manía conduce a los rusos hasta los productos españolesLa eco-manía conduce a los rusos hasta los productos españoles

En Moscú, en estos dos últimos años, ha aumentado el número de eco-tiendas y locales en los que se organizan degustaciones y talleres de cocina orgánica. Las cafeterías “bio” y los bares “verdes” sirven cócteles de oxígeno, barritas de muesli y todo tipo de “smoothies”. Aun así, al parecer, todo ese esfuerzo es aún suficiente.

Para satisfacer la demanda creciente, muchos habitantes de ciudades se han mudado al campo y se han convertido en campesinos, formando allí eco-aldeas. Principalmente, los ex -urbanitas aprenden a dominar la cría de cabras y vacas, cultivan verduras y alfalfa.

Sin embargo, los rusos aún no tienen prisa por fiarse de sus compatriotas. La razón es bastante evidente: la norma para los productos orgánicos ha sido aprobada recientemente y aún falta la legislación. Obviamente, el instinto de auto-conservación predomina entre la gente rusa, haciéndola optar por eco-productos extranjeros.  

Como es lógico, la nueva moda trae consigo cambios a la costumbre gastronómica. El caviar y la famosa sopa rusa “borsch” ya no están entre los primeros en las preferencias de los clientes. En los restaurantes sube la demanda de quesos y mariscos. La popularidad de degustaciones de queso incrementa cada día. Poco a poco, los rusos van haciéndose todos unos expertos en diferentes tipos de queso. Parece ser que, actualmente, hasta un niño ruso sabe diferenciar entre el queso de vaca o de cabra, si es Manchego, Roncal o Payoyo. Y aquí no acaba la historia. Los organizadores de degustaciones y los restaurantes españoles en Moscú han decidido ir más allá. Cualquier visitante que no sepa hablar español, pero se vea atraído por el mundo de los quesos, recibe descripciones de cada producto y un diccionario con palabras necesarias.

Por otro lado, los que no han podido estudiar el surtido y probar en la degustación, se ingenian para esquivar el veto del Rosseljoznadzor y se convierten en clientes habituales de las tiendas online. Según las estadísticas, los apasionados de la producción española están dispersados por toda Rusia y últimamente se llevan la palma en compras de jamón, aceitunas y queso ibéricos.

BL

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